Siempre he vivido en la calle. Creo que alguna vez tuve familia, pero nunca lo sentí así. Fui reportada junto a mis bebés, viviendo en un barrio expuesta a muchos peligros. Cuando me rescataron, tenía miedo de la gente y de los espacios muy pequeños. Poco a poco fui aprendiendo a confiar, y ahora amo correr, explorar y siempre acompañar a mi cuidadora favorita. En el refugio me he sentido segura, querida y protegida, y por primera vez puedo disfrutar de la vida sin tanto temor