"Mi vida en la calle no fue fácil. Un día, el miedo se hizo realidad y fui atacado por unos perros; las heridas en mi cadera y los mordiscos me dejaron sin fuerzas para seguir luchando solo. Alguien me vio y me reportó, y las chicas de Criollos no lo dudaron ni un segundo: corrieron a salvarme.
Hoy, esas heridas están sanando, pero mi corazón ya está listo para volver a confiar. Soy un sobreviviente que solo quiere dejar atrás el dolor y encontrar un rincón seguro donde nunca más tenga que correr por mi vida."