"Me encontraron en el lugar menos pensado: una mina de carbón. Estaba solita, pequeñita y llena de parásitos que no me dejaban brillar. Me llamaron Golondrina por mi color y mi tamaño, y desde ese día, mi vida cambió para siempre.
Hoy estoy en un hogar de paso, sana y feliz, pero sueño con una familia definitiva. Soy una perrita tranquila y muy juiciosa, aunque confieso que tengo un ""superpoder"": ¡los juguetes a veces explotan cuando me emociono jugando!
Amo a los humanos, adoro a los niños y me llevo de maravilla con otros perritos."