Me resguardé en medio del campo para dar a luz a mis cachorros(era muy joven). Busqué un lugar donde pudiera protegerlos, aunque estuviera sola y con miedo. Cuándo llegué al refugio, le temía a las personas. No entendía sus manos ni sus voces. Pero con el tiempo descubrí que algunos humanos no lastiman: cuidan, alimentan y dan amor, Aunque a veces tiemblo y mi mandíbula se sacude, esas secuelas de mi enfermedad juvenil no me detienen; son parte de mi historia y de mi fuerza. Aprendí que, después de tanta oscuridad, también existe la esperanza.